La destrucción. Segunda parte. Amigos imaginarios.
¿Has dormido bien?
Posteriormente todo perdería significado; nunca nadie lo comprendió. El cielo gritaba tanto como era de extraño columpiarse a cercanía de un risco, hablando sola e imaginando cosas que nadie nunca vió. Pero a las personas eso no les importaba. Madeline nació en un mundo subliminal. Al poco tiempo entenderías que vivir es un acto de Dios, como de la misma: nada. Al poco tiempo morirías percibiendo que nacer es clandestino. Y aunque en una noche tan solitaria, hiendo al baño por la oscuridad, en un parpadeo podía aparecer una maldita mano y arrastrarte al escusado, despedazando tu cuerpo al hacerte cruzar por las tuberías de toda la colonia, despertarías al día siguiente descubriendo que siempre pudo ser peor.
Lava los trastes, Madeline...
Su madre adoptiva había dado la orden y ella se quedó dormida. Pero es mentira, pues nunca soñó. Debió ser extraño que ninguno de los adultos la escucharan conversar consigo misma, pero casi siempre solía hacerlo a discreción. La noche triste abordó un climax de hielo eterno, mientras el refrigerador se abría solo y comenzaban a salir sacos de carne, con cuerpos húmedos y vacilantes. Gemían uno a uno la desgracia de la vida.
¿Y será la vida lo que les causa dolor? ¿O es la muerte?
Se cuestionaba ella, ignorando a los torturados, mientras se desangraban y vomitaban litros y litros de porquería en rededor. Líquido que, a suma de tantos trastes que ella nunca lavó, ya se formaba un asqueroso sitio para dormir.
¿Cuál es el significado de todo esto? Salgo a las calles y es tan duro. Caminar es duelo, y respirar suicidio...
Talla sus ojos y nada logra cambiar. Odia por eso tener que ir a comprar huevo. Este mundo no es real. ¿Cómo puede brillar tanto? No le gusta la luz, ni aquella repugnante compañía. ¿Por qué los cuerpos me siguen, mamá? No tienen cara. Tampoco hacen ruido. Es tan silencioso su andar, que causan daño con su indiferencia. ¿Cuelgan todos de un hilo en esta vida? ¿Somos trapos que amarran de nuestras tripas y estiran y estiran hasta hacernos bailar?
Quiere al menos ver el suyo. No halla algún enredo entre sus intestinos, o algo tenso que lo haga notar. ¿Dónde están mis hilos, padre mío? ¿Dónde estás tú?
El cielo me está gritando...
Hay un ojo que todo ilumina; a discreción mueve mentes, y se posa sobre nosotros, cuidando lo que es suyo en esta enorme isla. Mundo nuevo, viejo creó. Parece estar irradiando fuego, que chocar miradas pareciera imposible.
Obviamente nadie lo ha visto. Porque les dejaría ciegos a mordida distante, con las fauces de un cielo que ya lo he dicho antes, y no me pienso callar: está gritando.
¿Que por qué no duermo en mi cama?
Decide continuar.
No suelo ir a mi habitación porque hay algo allí que me sigue a todas partes. Cuando todos mis hermanos salen a jugar, y no se toman la molestia de gritarme, me quedo a oscuras en ese sitio. Puedo sentir que estoy respirando, pero es mentira. Porque no todos se han ido. Veo pues mis zapatos colgar. Ahora sé por qué he estado descalza estos últimos días. ¿Son esos los pies de una niña distante, rara y asquerosa? Mi cuerpo usa como imagen, y me ha robado identidad, desde la cintura hasta la frente. Es mi cara desnaturalizada y rota, partida en tantos cachitos, vacía de todo.
A otros lados de la habitación, están los escucha. No me molestan. Ellos me dan igual. Amigos imaginarios que ve cualquiera. Y los ayuda a seguir existiendo...
Pero todo debe tener un propósito. La vida y la muerte son una sola persona. Como los seres humanos, se disfraza de amigo si buen humor tiene, y da vida, y da amor. O se disfraza de monstruo, pútrido y maloliente, si no ha dormido bien, ni se ha tomado sus pastillas. Entonces causa daño, moretones, asfixia y llanto.
Si tienes suerte, te puede matar.
Porque para sobrevivir a los monstruos necesitas darles lo que necesitan. O hacerles creer que lo están teniendo. Jugar con ellos es peligroso, y si no te adaptas a todo, te moldearán... Te harán flexible, a su manera; te partirán en cachitos y no sabrán cómo unirte; te moverán los intestinos, desde dentro; te usarán a su gusto y te harán daño irreversible, deformando tu persona, tu mente, y lo que crees que significa estar vivo...
Y entonces... ¿Qué podemos hacer?