La destrucción. Tercera parte. Papá.
Eres mi hija. Eres mi sol...
He sentido el recelo de la suerte ajena, involucrada en percepciones puras y oníricas, a través de algo que juran los está atormentando, y no les quiere dejar en paz.
Madeline... ¿Dónde estás? ¿Por qué te escondes de tu padre?
Es áustero el acontecimiento. La realidad dice que hay personas que nacieron para ser depredadores. Y así por igual, que otras viven para ser devoradas. Como si una suerte de participación en el existir se viera dividida al azar para que algunos coman y otros no.
Lo importante aquí, es ¿qué hacer para cambiar eso?
Estabamos jugando, querida. Es un juego nadamás. Tus madres vuelven al anochecer y yo tengo que cuidar de todos ustedes... Pero no puedo hacerlo si no es divertido.
Un hombre había entrado a la casa, al igual que otro lo hizo la última vez. Las madres recibían cuidadores para un orfanato donde el dinero escaseaba y algo se tenía que intentar para resolver el problema. Un hombre jugaba a ser papá, y uno diferente cada semana volvía para seguir haciéndolo. Pero Madeline era un individuo diferente. Con ella no se puede jugar siempre. Hablando con monstruos de este, su mundo, y el mío, ya estaba intoxicada de pensamientos irreversibles.
La pregunta: ¿Cuándo? Comenzaba a resonar en su cabeza.
¿Cuándo voy a salir de este sitio?
¿Cuándo voy a dejar de ser ella...
¿Cuándo voy a atreverme a ser él...