Punta y corte ll
Para un amanecer sin sentido, puedes decir que hay ocasiones en que la vida es tan fría, que no pareciera existir diferencia alguna entre la luna y el sol. El tamaño, sin embargo, es todo lo que varía entre sus participaciones. Por aquí, en sitios de carne y hueso gélidos, el miedo está a cada rincón de casa, esperando a sorprendernos con facilidad intangible, y tentando a cada uno de los más ahudaces a ser llamados por un: más allá, llegando tan lejos como se los prometa cualquier aspecto imaginario.
¿Qué ha pasado con la granja de tus padres, Maquiavelo?
El trato está hecho. Venderán la familia a un circo.
Serás un payaso...
Siempre trae puesta esa máscara. ¿Qué veías sino a un artista...
Prosopon...
Persona es el concepto de claridad en la especie que la usa, y da claridad para volverse uno con el personaje, hasta llamarlo: personalidad. Pero Maquiavelo ve más allá de lo habitual, hasta profundizar en algo cada vez más colosal para la percepción de un adolescente, intuyendo quizá que pueda consumirlos sus propias máscaras, hasta perderse en algo que sólo sirva para dar refugio, y no autenticidad humana. Un momento de filosofía emana a plena conversación de camino a casa de Alaska.
¿Por qué ambos usan ropa tan grande?
¿De qué estás hablando? Esto es de mi talla.
Si eres talla padrastro, te creeré...
A través del sueño dicen que nacen sonrisas. Escucho, pues, a través del sueño, y después los busco entre tantas risas. Maquiavelo, el huerfano, y los dos Nefasto atraviesan el bosque, los puedo ver; y rodean la casa de Miguel, joven que fue adoptado para ser obsequiado a una sociedad de pensantes, luego de entre pura suerte hallarse la oportunidad de que una pareja que no podía concebir, de menos, intentara corregir su desgracia entre los más pródigos. Miguel y el payaso de su amigo usan regularmente la ropa de los tíos y abuelos de Miguel.
¿Por qué los vuelve espantajos, ese infeliz?
Una conversación se desviaba a hablar sobre el padre de Alaska.
Monstruoo...
Es una advertencia...
Es una ilusión.
¿Una ilusión?
Una pena es un castigo. Debe mostrar cierta lógica, cierta intención. Pero él... Él juega. Para él todo esto no es más que una idea que se salió de control. Creo que allí nace la ilusión.
¿Dices que no es real lo que está pasando en mi familia?
Los espantajos son reales. El miedo también. Los pobladores los ven. Huyen de ellos. Pero, el origen... eso es lo que resulta inquietante. Yo diría que se volvió loco. No deberías seguir visitando ese hogar sabiendo lo que te espera. No me sorprendería que escuchara voces.
¿Voces... (asustado)
No les hagas caso, cariño. Están jugando.
No estoy bromeando. Vivimos a kilómetros del Holocausto. Dicen que algunas criaturas sobrevivieron allí. Nadie sabe exactamente qué ocurrió.
Por otro lado... Solo digo que todos tenemos un lugar en el mundo, y le pertenecemos a algo...
Poco tiempo nos lleva al lugar entonces. Ha quedado claro algo, y es que la vida no es para todos. Miguel culminó una conversación pútrida, y nadie más quizo hacer mención a algo más que los alejara un poco de lo que estaban por ver, una vez se despidieron de él, que cambiaba su rumbo, listo para volver a casa, a través del bosque, y Maquiavelo acompañaba a los Nefasto a adentrarse al mausoleo de niños; su hogar.
La vida apesta. ¿Qué está haciendo tu hermano? ¿Por qué nos detenemos aquí?
Es el árbol de peluches. Venimos cada día y él deja uno para recordar a nuestros hermanos. Al menos puede rellenarlos con basura. La lata le servirá, pero no sé qué hizo con el chicle...
Por un momento nadie habla.
Un dilema es el trasfondo.
Se creyó que criaturas inmateriales ascediaban ese pueblo, en discretas ocasiones.
En particular, provenientes de aquél resultado a tragedias arcaicas, era de suponer que algo tan malo se desencadenó tras fuertes despliegues de las defensas marinas, cuando gran cantidad de granjeros levantaron denuncias por escuchar gritos desgarradores en el mar.
Entonces se investigó; se visitó rigurosamente y al no poder comprobar con certeza lo que habitaba, el caso se abandonó y no volvieron a tocar tierras malditas.
El viento atraviesa las tablas del refugio.
Algo golpea a lo lejos.
Una vez.
Dos veces.
Tres...
Debo despertar