Punta y corte lll

Para un amanecer sin sentido, puedes decir que hay ocasiones en que la vida es tan fría, que no pareciera existir diferencia alguna entre la luna y el sol. El tamaño, sin embargo, es todo lo que varía entre sus participaciones. Por aquí, en sitios de carne y hueso gélidos, el miedo está a cada rincón de casa, esperando a sorprendernos con facilidad intangible, y tentando a cada uno de los más ahudaces a ser llamados por un: más allá, llegando tan lejos como se los prometa cualquier aspecto imaginario.

Alaska

No deberias estar conmigo.

Joven Miguel

¿Por qué?

Alaska

Porque soy una mierda, la basura de este sitio. En todo este cuerpo vacío, que tú usas para surcar el mar, yo soy lo único que no debería estar abordo.

Ha desaparecido toda mueca sospechosa en Miguel, de si acaso ella lo sentía en verdad, o no. Daba igual todavía. La pregunta: “¿De qué estaban huyendo?” Se mantenía abierta.

Joven Miguel

Eres el desespero de mi cabeza...

Alaska

Tan mal está tu cabecita? (Acariciando de él)

Joven Miguel

Es porque se siente presa de tu aroma....

Alaska

Aroma a mierda. ¿Te gusta la mierda, Miguel? De porte fino y de gustos tan asquerosos...

Joven Miguel

Creo que soy un asqueroso...

Alaska

Te estás rebajando a mis expectativas. Quieres sentir algo por mí ahora.

Joven Miguel

Te está doliendo la cabeza. Pero, también te está doliendo el corazón.

Eran sus conversaciones una danza. Uno decía y el otro respondía, cualesquiera pensamientos que formaran una conversación suficiente. Suficiente para ellos, y para nadie más.

Alaska

No sabes lo que quieres. Déjame aquí ahora.

Joven Miguel

No sabes lo que dices, deja de maltratarte, por favor.

Alaska

Por favor y gracias son iniciativas de un acto verdadero y tibio.

Joven Miguel

Odias a la gente como yo.

Alaska

Amas a los que se parecen a mí.

Joven Miguel

Deja de maltratarte,por favor.

El mar se ahogaba en aguas de violencia y descontento. Maquiavelo vigilaba y controlaba el barco, que a punta y corte rompía con las olas. Era de costumbre para él ser el tercer miembro que sobraba, pero encajaba perfectamente porque a ningún lado deseaba pertenecer; no a ninguno donde ellos dos no estuvieran.

Joven Miguel

No fue tu culpa…

Alaska

Basta, Miguel.

Joven Miguel

Lo que pasó allá atrás… que no te destruya...

Alaska

He dicho: Basta.

Joven Miguel

Basta, Miguel. Lo dices a diario. ¿Cuándo te lo dirás a ti misma: Basta muchachita. Y te mirarás al espejo?

Alaska

Me estoy cansando de decirlo...

Joven Miguel

Basta ya. (La arremeda)

Alaska

¡Basta, basta, basta! ¡Dije: basta!

Joven Miguel

Basta, basta. (Lo sigue haciendo, imitando su voz de una manera que solo él conoce)

Alaska

Deja de burlarte. (Entre llanto flojo) Te voy a golpear...

Joven Miguel

Deja de burlarte. Te voy a…

Alaska golpeó la cara de ese chico. Siendo insuficiente, lo halló más desprevenido y no quiso desaprovechar. Lo pateó de inmediato y se le fue encima. Un mar de llanto los devoraba. Alaska perdía la cabeza y Miguel no hacía nada. Tenía la teoría de que entre más heridas dejaba ella en su cara, mejor se sentiría después. Que, luego de verlo sangrar, se arrepentiría, y entonces se daría cuenta de que el dolor está en todas partes, en todos los cuerpos, en todo lo que hacemos. Esta vez, para variar, no sucedió…

Había vuelto a pasar. Alaska perdió un hermano y esta vez no lo pudo recuperar. Su padre lo golpeó tan fuerte que él ya no despertó. Azotó la cabeza de Miguel contra el suelo, justo como papá hizo con la de su hermano. Alaska escapaba de un báratro que tenía riesgos de repetir. Su amigo, en cambio, solía soportar todo lo que ella le hicera cuando estaba enojada. Entonces... todo se veía así...