Capicúa
Tarde nunca llega tarde. Tarde aparece cuando ya nadie debería seguir despierto. Tarde es nunca para visitar a tus amigos. Tarde es nunca para comenzar de nuevo...
Las aves dicen que el bosque cambia de humor después del amanecer. Yo digo que solo cambia de dientes.
Estoy esperando tu jugada, espantajo.
Y yo estoy esperando a que te dejes de tirar pedos.
Las aves hablan por el espantapájaros. Nadie lo ha oído jamás. Habíamos caminado demasiado.
Sonambulismo puro.
Terminamos debajo del puente donde Camela saltó antes de que la humanidad se deshiciera como pan húmedo.
Lobotommé ya estaba allí, jugando dominó con la ausencia de un demonio llamado Tarde.
Tarde Mappens.
Otra vez hiciste capicúa. Qué asco me das.
Siempre gana cuando parece dormido.
Lobotommé cambió de rostro tres veces mientras reía. Le gusta hacer eso cuando siente hambre.
A veces usa caras viejas que recoge del bosque. Otras veces inventa nuevas.
Ninguna le queda bien.
Siempre puedo ir más lejos.
Algo debajo de su mandíbula seguía moviéndose.
Yo preferiría que estuvieras más lejos.
La conversación empezó a pudrirse lentamente. Como todas las buenas conversaciones.
Hablamos de sombras, de criaturas húmedas, de cosas demasiado pequeñas para merecer nombre. Y él, queriendo dormir con todas ellas...
Si el sol me derritiera… todavía arrastraría lo que quede de mí hacia las sombras. Nadie se salvaría...
Qué romántico, Lobotommé.
Cuidado, Nina. Él no sabe que existe la palabra "sarcasmo".
Entonces apareció Melancolié.
Demasiado alta para el puente. Demasiado blanca para seguir viva.
La fabricamos entre Lobotommé y yo una noche donde ya no soportábamos escuchar nuestras conversaciones. El idiota hablaba tan intrusivo, que logró incomodarse a sí mismo.
Primero le dimos nombre: Melancolié.
Luego recuerdos. Dolorosos recuerdos.
¿Después? Tristeza...
Ella lloraba y era suficiente para que empezaran a nacer monstruos como flores.
Hay un chiste que hacemos él y yo a cerca de su periodo y la lluvia.
Si vuelven a bromear sobre el diluvio… les abriré las tripas con un palo.
Ya valió...
Seguimos jugando.
Porque en el bosque hay conversaciones demasiado horribles como para sostenerlas sin una mesa de por medio.
Quiero hacerme tan pequeño que pueda vivir dentro de un caracol.
Procuraré preguntarte la próxima vez.
Eso explica muchas cosas...
CAPICÚA.
Siempre hace la misma mierda.
Las fichas quedaron quietas.
Y durante unos segundos… el bosque también.